Una lectura desde la estructura del sistema, desde la responsabilidad institucional, y desde el derecho ciudadano a exigir un Estado que funcione. La primera pregunta cuando el transporte público falla es siempre la misma: ¿quién tiene la culpa? La lista es larga: el chofer, la empresa, el vecino con servicio, la ciudad de al lado, la calle en mal estado, las motos, la fuga de pasajeros. Es lo más fácil. Pero hay otra pregunta: ¿quién tiene la responsabilidad y la capacidad de hacer el cambio? Imaginemos que no existe un sistema vial. No hay rutas, semáforos, señalizaciones, prioridades, policía de tránsito, multas, desagües. Pero sí hay autos. El caos está garantizado. ¿Y a quién culpamos? A los peatones, a los que enciman vehículos, a los que estacionan mal, a los que van todos a la misma hora. A cualquiera menos al verdadero responsable. Lo que falla es a gran escala: el diseño, la planificación, el control, el mantenimiento. Cuando un problema afecta a cientos de miles de personas...
Comisión Ciudadana Sin Fines de Lucro de Encarnación, Paraguay