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El problema fue político. La solución llegó del barrio.

Ayer amanecimos con billetaje electrónico y transbordos integrados en Encarnación. También con el primer colectivo nuevo con rampa y aire acondicionado en la ciudad, algo que antes solo veíamos en los internacionales a Posadas.

Pero Encarnación no eligió ni logró nada de esto. Llegó de rebote. Llegó gracias a la lucha ciudadana de Cambyretá y a la seriedad de las autoridades de San Juan del Paraná, que pagaron el costo político de desplazar a una empresa irresponsable que siempre gozó de impunidad.

Porque el plan de Encarnación era otro. El plan de Encarnación era conceder tierras municipales de la costanera, aceptar estaciones de transferencia con costo sobre el pasaje, ceder el monopolio del transporte a toda el área metropolitana por 15 o 20 años, adoptar un sistema de billetaje extranjero sin garantías legales y hacer todo eso con cero transparencia. La empresa de siempre iba a operar en las cuatro ciudades del área metropolitana. En el momento crucial, en la votación final de la Junta Municipal de Encarnación, no hubo ni un solo voto de rechazo. El Ejecutivo lo aprobó. Estaba a un paso.

Fueron las señoras de Cambyretá las que detuvieron esos planes. Obligaron a sus autoridades a retirarse de la mesa de regulación del transporte público metropolitano. Yo estuve en la reunión de la Comisión Asesora de Transporte de la Junta de Encarnación cuando el representante de la empresa de siempre anunció que retiraba su oferta. Sin Cambyretá, el acuerdo era inviable.

Fueron esas mujeres trabajadoras de Arroyo Porá las que cambiaron nuestra historia. Si ellas no se animaban a luchar, Cambyretá no se retiraba, la propuesta avanzaba y hoy no podría operar esta nueva empresa.

El nuevo itinerario hacia el Gran Hospital del Sur, el billetaje electrónico y el transbordo llegaron gracias a mujeres que salieron a defender sus derechos. Mujeres que rechazaron seguir aguantando a un prestador que las abandonó miles de veces bajo el sol, bajo la lluvia, de noche, obligándolas a caminar kilómetros para llegar a sus casas.

Encarnación, mientras tanto, sigue con la empresa de siempre en la mayoría de sus barrios. Sin exigirle las mejoras más básicas y ganando sin méritos un recorrido que solo existe por la necesidad de transbordo de las vecinas ciudades.

Hay que guardar memoria y ver hasta el fondo de esta historia. El problema fue político. Y la solución llegó desde el fondo del barrio, de las manos de las mujeres trabajadoras.